domingo, 5 de enero de 2014

Viviendo el invierno

No estaba preparado para el invierno pero lo supe todo el tiempo. Lo repetí desde que llegué acá, a eso del 12 de septiembre hasta el día de hoy. Seguro en el avión de regreso iré diciendole a mi vecino de vuelo que si, que no estaba preparado. Pero que sobreviví y que no fui el zoquete que murió por invierno en esta ocasión.

Posiblemente a -41 como ya hemos estado uno no es tan zoquete si muere por invierno, pero igual. La madre pal que muera por descuidado.

Uno empieza a apreciar la tecnología en las cosas que lo rodean a uno. De la limitada cantidad de zapatos que tengo me sirvió sólo un par.. Unos skechers que me trajo mi padre. Medianamente aislados de la humedad y ajustaditos. Son los zapatos negros que sirven para caminar por todas partes y son geniales porque tampoco son así muy botas de invierno. Pero se quedarán acá. Les he dado mucho palo y ahora no huelen tan bien.

El primer consejo para el invierno siguen siendo las medias. Varios pares para que no toque confiar sólo en un par de medias gruesas. Varios pares de medias se quedarán acá con ese par de zapatos. Qué pena tantos sitios a los que he ido con esos hijuemadres.

El segundo consejo es hacer el laundry responsablemente. Uno también suda un poquito debajo de los abrigos. Uno también suda la ropa interior. Los pantalones que sí lo salvan a uno del frío también se enmugran con la nieve derretida por la sal que tiran en los andenes.

El tercer consejo es usar un pantalón debajo de los pantalones. Eso sí que es util.

El cuarto consejo es nunca creer que uno va a vencer el invierno. En cualquier momento baja la presión y todo se puede poner re feo. Este podría ser el primer consejo pero pues este es mi orden y no el que mi mamá impondría.

Salir sin los guantes ha sido uno de mis errores constantes y apenas hace poco entendí que existía el reumatismo. La verdad es que hay posiciones que hacen más incómodo el invierno. La más incómoda es la de estar recogido y tener siempre las manos en los bolsillos mientras uno camina hacia una parada de bus o estación de metro. El viento no deja de pasar y golpea con la tela del pantalón. El dorso o la palma de la mano se enfriará dolorosamente y no hay nada que se pueda hacer para proteger. Nada. Y nadie estará ahí para ayudar. Todo el mundo ha sido lo suficientemente inteligente como para llevar guantes o no andar en la calle.

Seguiré sin enumerar, desorganizadamente. El invierno trae el desafío de cuidar la ropa de invierno también. Montreal tiene espacio para los abrigos en todas las casas, pero uno tiene pasamontañas, guantes y bufanda como mínimo. En dónde cabe todo eso? Posiblemente en los bolsillos del abrigo. Pero al final de la noche hay que ponérselo todo y revisar que no se pierde nada. Es re fácil ver por ahí guantes izquierdos y derechos solitarios. En las estaciones de metro, en los cajeros, en los almacenes, uno ve de todo. Y no importa tanto hasta que es a uno al que le falta un guante y una mano está super fría y la otra se pone más fría intentando dandole calor a la primera. En fin...

Uno le empieza a parar bolas a la tecnología de invierno. Dicen que los neckwarmers son lo mejor para salvarse del invierno, pero yo creo que los guantes que permiten usar el smartphone son más importantes porque el invierno es peligroso de lo aburrido. Uno también pilla marcas y todo. Canadian Goose, North Face... Y uno también ve la ropa de invierno con motivos deportivos y se antoja. Pero lo mejor es pegarse a lo básico. Y levantarse unas botas. A veces son más baratas las botas de lluvia. A veces hay suerte porque por acá toca pagar por todo.

El invierno también obliga a pensar las rutas de ida y vuelta al hogar. Regresar en la mitad de la noche es sólo posible hasta Cote Vertu. Las rutas nocturnas lo llevan a uno desde cualquier parranda hasta cualquier otro punto de la ciudad donde luego se pueda coger un bus que vaya para allá. Pero más lejos es posible que no vaya ningún transporte. Los buses nocturnos son divertidos porque va todo el mundo borracho después del fin de todo. Va la gente ligando, va la gente decepcionada, la gente pegada a sus celulares... Es el bus más lleno de vida de todo el día. Uno sabe que va a llegar a la casa tipo 4 am o después. El único afán es no perder la parada.

Estoy convencido que todo sería muchísimo más fácil y disfrutable si no hubiera invierno. Esperar un bus en medio del invierno es supremamente difícil. Cambiar de bus en medio del invierno es más dificil aún. Estar pendiente de la parada sin conocer el destino y con nevada y que todo se parezca es re duro también. Y vuelvo a mi primer consejo de los primeros primeros: identificar los baños siempre. Orinar en la lluvia es divertido pero no es necesario exponer el miembro ni exponerse a la multa.

Uno hasta celebra cuando deja de estar a -19, -16, -13 y pasa a -6 o incluso a 0, cuando uno está muy de buenas. Generalmente llueve cuando está a 0 pero igual se goza. Hace faltica el calor. Y eso que yo me quejaba cuando estábamos a 12 o a 13 sobre cero. Ya ni me quejo, sólo dejo que el frío me atraviese y ya. gracias.

También toca caminar a pasitos cortos para evitar resbalones chimbos. Recuerdo que mi papá estudiando en Rumania conoció a un ecuatoriano que llevaba sólo un día por allá. Salió de paseo con la gente y resultó que se resbaló en el hielo, se cayó y se rompió la pierna. A los días le tocó regresar a Ecuador y se acabó el chiste. Ni por el hijueputas me pasa eso. Ni correr con la nieve ni intentar nada particularmente estúpido. Acá se empieza a ver la gente con férulas y muletas y todo. Es un peligro silencioso. El black ice...

Pero lo áspero es que empiezan a aparecer todos estos deportes de invierno. Esquiar, deslizarse sobre montañas de nieve, patinar sobre hielo, vainas así... Dicen que hay gente que se va a los lagos a hacer casas por el invierno y a pescar bajo hielo entre los cardúmenes de pescado que pasan por el río Saint Laurent. Barrios de casas provisionales en el lago!!! Es otra forma de disfrutar la nieve y el invierno. Y hay que intentarlo. Ya patiné sobre hielo y si, fue bonito y valió toda la pena. Sólo por aprender a hacer algo nuevo y sentirse bien haciéndolo es más que suficiente toda la incomodidad.

Recuerdo que cuando llegué a donde Pierrette, su hijo con cáncer me describió cómo la nieve se posaba sobre los árboles y con ciertos rayos de luz hacía que las ramas brillaran. Era emocionante oir al tipo y ahora veo por qué. La verdad sólo pararse en la mitad de la calle y ver cómo nieva lo vale todo. No tiene nada de indiazo disfrutar las nevadas. La nieve no incomoda. La nieve se parquea sobre uno y sigue cayendo y sigue cayendo. Los copitos de nieve de verdad tienen esa forma particular como de ejercicio matemático. Uno lo ve cuando caen en el abrigo. Formas perfectas. Y se acumulan en las aceras, en las ventanas, en los carros, en los árboles...

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